viernes, 19 de octubre de 2012

El libro de la crueldad por Layla Martínez y su cuerpo hastiado

El cuerpo es de por sí un lugar cruel: la piel se quiebra, los dientes se caen, las heridas sangran y se encostran, las uñas se rompen cuando intentamos agarrarnos demasiado fuerte a las cosas, a los recuerdos, al pasado o a la juventud. El cuerpo es un campo de batalla, como dicen muchas de mis artistas favoritas, performers, postpornógrafas, almas subversivas unidas a cuerpos hermosos y abyectos a la vez.

Escribo sobre el cuerpo yacente, el cadáver y la tumba para mi próximo libro Enterrados. El ocaso de los cuerposInvestigo el modo en que algunos artistas contemporáneos trabajan sobre determinados aspectos relacionados con la violencia de los sistemas coloniales y postcoloniales para hablar de la identidad y el género a través del performance art. En los años setenta Ana Mendieta cuestionó las convenciones sociales de los géneros sexuales y la violencia social y política contra la mujer, distorsionando su propia imagen como mujer al ponerse barbas y otros accesorios que la hicieran sexualmente ambigua. Mientras pienso en su trabajo -en el que su cuerpo era utilizado a menudo como soporte, medio o molde, hasta tal punto que es imposible separar su obra de su propia corporalidad-, no deja de venirme a la cabeza El libro de la crueldad de Layla Martínez.
Hay aspectos del cuerpo femenino que normalmente quedan ocultos o dulcificados, Layla los vomita sobre el papel a través de las desgarradoras historias de cuatro mujeres, incomodándonos desde lo grotesco mediante pequeños relatos y afilados poemas. Recuerda que la carne es frágil, que se pudre y duele y huele. No es una lectura para estómagos delicados pero es una lectura imprescindible. Se trata de una extremidad deforme que ha cobrado vida independiente de su autora y ha desarrollado dientes diminutos que se clavan fuerte. Habla de la sexualidad infantil, como Diana J. Torres en su Pornoterrorismo, también de los afectos siniestros y las relaciones turbias, lo ridículo, lo marginal, lo olvidado por políticamente incorrecto. Layla demuestra con su ópera prima que la escritura es un acto performativo. Además nos obsequia con un sugestivo book trailer  repleto de imágenes que se convulsionan como su propio cuerpo, el que hace un par de días sufrió un colapso nervioso rebelándose ante la crueldad de este mundo. Ánimo Layla: vuelca el dolor en un nuevo collage y todos esperaremos a escucharte recitar.


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