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| (Judy Chicago, Dinner Party, instalación, 2007) |
Escribiendo sobre el trabajo de Judy Chicago me quedo abstraída frente al ordenador unos minutos y evoco algunas experiencias postadolescentes. Hace mucho tiempo, siendo barely legal, salí con una persona a la que la menstruación le horrorizaba. Simplemente hablando de ella llegaba a marearse y una semana al mes ni se me acercaba. En aquel momento, lejos de irritarme, la situación me divertía pero inconscientemente fui cambiando la percepción sobre un aspecto de mi cuerpo que siempre había aceptado con naturalidad. Con el paso de los años me habitué a no mantener sexo durante el periodo. Ni siquiera lo planteaba a mis parejas, incluso en cierta medida me recluía esos días porque se me quitaban las ganas de salir. Qué estupidez, ahora que lo pienso, pero nos ha pasado a muchas. Si hubiera preguntado, en lugar de asumir que a todo el mundo aquello le repugnaba, seguro que me hubiera llevado más de una grata sorpresa. Tuve la suerte de que al final me sacaran de mi error casi por casualidad y así descubrí que cuando se está con la regla se puede experimentar sensaciones placenteras muy, muy intensas. Aunque cada cuerpo es diferente.
Recientemente he leído un artículo de Luza Alvarado en el que la escritora chilena comienza hablando de una amiga que se siente mal cuando le practican sexo oral porque tiene inculcado un perjuicio sobre que es algo sucio, hete aquí, probablemente, la moral judeocristiana que nos salpica, pues el Levítico dice: "la mujer con flujo de sangre permanece siete días en su impureza. Quien la toque será impuro hasta la noche". Pero también supongo que tiene que ver con la higienización de la escatología femenina, tan firmemente instalada en nuestro imaginario y fomentada por bochornosos anuncios de tampones y compresas. Esa sangre no se toca, lo ensangrentado no se acaricia ni se lame; se limpia, se neutraliza, se disimula, se deshecha. En este sentido la mooncup se yergue como un método subversivo pues es reutilizable y provoca un contacto directo con el flujo, es casi la antítesis de las tiras de celulosa blanco-pureza que engullen hasta no dejar rastro en la superficie y mitigan cualquier aroma.
(Proyecto Tres Gracias Sangrantes de Ana Álvarez-Errecalde sobre la menstruación)
Avinagra el vino, corta la mayonesa, enegrece el azúcar, marchita las flores, estas y otras supersticiones en torno a la menstruación son las que enumeraba Simone de Beauvoir en su célebre ensayo El segundo sexo. Se trata de una condición biológica sujeta a cientos de tabúes culturales en su mayoría con connotaciones negativas. El patriarcado ha imbuido tales ideas derivando en que se asuma comúnmente -también en palabras de la filósofa francesa- que "el hombre se aleja sexualmente de la mujer cuando ésta se dedica de modo particular a su papel reproductor: durante sus reglas, cuando está embarazada y cuando amamanta". Sin embargo hoy en día, pese a los enormes esfuerzos por parte de las compañías que proveen de productos para la higiene femenina, cada vez más personas se conciencian de que la regla no tiene por qué resultar desagradable, ni vergonzosa, ni maloliente. Si bien es cierto que muchas veces implica un proceso doloroso que nos lleva a reflexionar sobre los analgésicos, esos polémicos químicos que a gran escala están también presentes en el parto en forma de anestesia epidural para quien así lo decide.
(Antología poética Sangrantes, coordinada por Luna Miguel y publicada en Origami 2013)


















